A menudo consumimos noticias sobre la Inteligencia Artificial (IA) desde dos extremos: el optimismo ciego de Silicon Valley o el miedo apocalíptico de las películas de Hollywood. Sin embargo, existe un tercer camino, mucho más real y tangible, que se está gestando en los departamentos de análisis de riesgo y estrategia macroeconómica.
El informe "The 2028 Global Intelligence Crisis", publicado por Citrini Research el 22 de febrero de 2026, no es un relato de ficción ni una especulación (aunque está escrito como si fuera junio de 2028); es un modelo financiero que analiza cómo el éxito de la IA podría dinamitar los cimientos del capitalismo moderno en menos de tres años. Es fundamental aclarar que "The 2028 Global Intelligence Crisis" no es una predicción, sino un ejercicio hipotético. Los propios autores de Citrini Research lo explicitan en el prefacio: "What follows is a scenario, not a prediction". Es un “stress test” conceptual, no un pronóstico certificado.
El origen: Un ejercicio de realismo económico
El informe nace de una pregunta incómoda: ¿Qué sucede si la IA sigue siendo tan buena como promete? La respuesta no es una rebelión de las máquinas, sino un fenómeno económico mucho más mundano y peligroso: la abundancia extrema.
Nuestra economía —desde los sueldos hasta los impuestos y las hipotecas— funciona bajo la premisa de que la inteligencia humana es un recurso escaso y, por lo tanto, valioso. Hemos construido un mundo donde el esfuerzo cognitivo se paga caro porque es difícil de replicar. Si la IA convierte la inteligencia en un commodity tan abundante como la electricidad o el ancho de banda, el sistema entero debe ser recalibrado. El valor del trabajo intelectual podría colapsar, no porque las tareas dejen de ser necesarias para la sociedad, sino porque el mercado deja de estar dispuesto a pagar por algo que puede obtenerse por una fracción de centavo.
La trampa de la historia: ¿Por qué esta vez es diferente?
Muchos optimistas citan ejemplos del pasado para calmar los ánimos, apelando a una supuesta inmunidad histórica del empleo humano frente a la máquina. El caso más famoso es el de los cajeros automáticos (ATM): cuando se introdujeron en los años 70, la narrativa común fue que los cajeros humanos desaparecerían de inmediato. Sin embargo, sucedió lo contrario: el número de empleados bancarios aumentó durante décadas. Los ATMs abarataron tanto la operación de las sucursales que los bancos pudieron abrir muchas más, creando nuevos roles para los humanos centrados en el asesoramiento y la venta de productos complejos.
Incluso Adam Smith, en "La riqueza de las naciones", ya exploraba cómo la división del trabajo y la introducción de maquinaria aumentaban la "opulencia universal" sin eliminar la necesidad del trabajador. La teoría clásica sostiene que la tecnología desplaza tareas específicas, pero no al humano en su totalidad, porque la liberación de tiempo y capital siempre genera nuevas necesidades y deseos que requieren intervención humana.
Sin embargo, el informe Citrini advierte sobre un fallo fatal en esta analogía histórica: la IA es una tecnología de propósito general con capacidad de aprendizaje autónomo.
En el pasado, los humanos se "desplazaban" horizontal o verticalmente hacia tareas de mayor valor cognitivo, emocional o estratégico donde la máquina era ciega.
Hoy, la IA mejora exponencialmente en esas mismas tareas "refugio" hacia las que el humano intentaría escapar: la creatividad, el análisis estratégico y la resolución de problemas complejos.
A diferencia de los cajeros automáticos, que eran herramientas estáticas, la IA no solo hace el trabajo más barato; lo hace con una calidad superior que evoluciona cada semana, cerrando sistemáticamente las puertas de salida hacia nuevos nichos de empleo humano.
Los 4 jinetes de la Crisis de Inteligencia
El análisis de Citrini identifica cuatro puntos de quiebre donde la tecnología choca frontalmente con la infraestructura financiera que sostiene nuestra vida cotidiana:
1. La destrucción de la "Fricción" (El fin de los intermediarios)
Gran parte del valor de empresas como Visa, Mastercard, agencias inmobiliarias o aseguradoras reside en la "fricción": ese conjunto de ineficiencias, asimetrías de información y el simple cansancio humano que nos impide optimizar cada transacción. Pagamos de más porque no tenemos el tiempo o la energía para buscar la opción perfecta.
La realidad: Agentes de IA que operan 24/7 con una capacidad de procesamiento infinita eliminan estos márgenes de inercia. Un agente de IA no se "olvida" de cancelar una suscripción innecesaria, ni acepta un seguro de auto costoso por pereza de comparar. Al automatizar la negociación y la vigilancia constante, sectores enteros basados en la desatención o la falta de conocimiento del consumidor podrían ver cómo sus ingresos se evaporan ante una eficiencia absoluta, algorítmica y despiadada.
2. El "PIB Fantasma"
La productividad está experimentando un crecimiento sin precedentes, pero este brillo estadístico oculta una falla estructural en el ciclo económico: las máquinas son productoras perfectas, pero consumidoras absolutamente nulas.
El impacto: Entramos en la era del "PIB Fantasma": una economía donde las cifras de producción escalan en los gráficos, pero el flujo de dinero deja de circular hacia los hogares. Es una eficiencia que genera riqueza contable y dividendos para los dueños del cómputo, pero que vacía el poder adquisitivo de los mercados locales. Sin una masa crítica de humanos con ingresos, la capacidad de la sociedad para comprar lo que las máquinas producen desaparece, creando una desconexión que amenaza con colapsar la economía de consumo.
3. La trampa de las hipotecas "Prime"
Este es, quizás, el punto de mayor riesgo sistémico. El mercado hipotecario global se ha construido sobre la fe ciega de que el prestatario mantendrá o aumentará su capacidad de ingreso durante los próximos 30 años. Es un contrato basado en la estabilidad del valor del trabajo humano.
El riesgo: A diferencia de la crisis de 2008, donde el problema fue el crédito otorgado a personas insolventes, en 2028 los deudores tienen perfiles impecables (780+ FICO). El problema no es la voluntad de pago, sino la desaparición del mercado para sus habilidades. Sus hipotecas fueron calculadas sobre empleos de alta cualificación que hoy han sido absorbidos por sistemas de IA. La deuda sigue siendo legalmente válida y el deudor sigue teniendo el mismo talento, pero el valor de mercado de ese talento ha caído a cero. Millones de personas pidieron prestado contra un futuro laboral que se ha desvanecido, dejando al sistema bancario con activos que nadie puede pagar.
4. La insolvencia del Estado
El contrato social moderno y la provisión de servicios públicos dependen casi exclusivamente de un pilar fiscal: el gravamen sobre el trabajo humano a través de los impuestos a la renta y las contribuciones a la seguridad social.
La consecuencia: Si el motor de la creación de valor se traslada de las oficinas y los cerebros humanos a los centros de datos y los chips, la base imponible tradicional simplemente se evapora. Los gobiernos se enfrentarán a una caída libre de sus ingresos justo en el momento en que la demanda de subsidios, reentrenamiento y paz social alcance niveles de emergencia nacional. Una alternativa viable será la reestructuración del sistema impositivo para gravar el "poder de cómputo", una medida que inevitablemente desataría tensiones geopolíticas y guerras comerciales por el control de la infraestructura de la inteligencia artificial.
No es imaginación, es anticipación
El informe de Citrini Research funciona como un "canario en la mina". Advierte que no estamos ante una crisis tecnológica, sino ante una crisis de adaptación estructural de nuestras instituciones. El sistema financiero es rígido, analógico y lento, mientras que el avance de la IA es líquido, digital y exponencial.
Por supuesto, el informe no es una profecía, sino un escenario posible, una extrapolación si las instituciones no se adaptan.
Podría leerse como un caso de determinismo tecnológico: que la adopción de la IA será muy amplia y en muy breve espacio de tiempo, detonando fricciones sociales. La historia muestra que la tecnología avanza, pero las sociedades también ponen naturalmente frenos: sindicatos, leyes, resistencia cultural, regulaciones antimonopolio. Por eso, un potencial colapso en "3 años", no necesariamente lo vuelve realidad.
Tampoco tiene porqué ser inevitable el impacto en los profesionales de cuello blanco, lo que de todos modos no impide que el mercado, en su aversión al riesgo, no reaccione desmedidamente en el corto plazo (no olvidemos que es un informe de interés financiero, y una cosa es lo que la realidad termine siendo y otra la que los mercados prevean y se ajusten en consecuencia).
De todos modos, la inteligencia humana está perdiendo el privilegio de su escasez. Como profesionales, ciudadanos e inversores, la pregunta ya no es si la IA es una herramienta que nos ayudará a terminar antes nuestra jornada laboral, sino si nuestro patrimonio, nuestras deudas y nuestras carreras están construidos sobre supuestos que el avance tecnológico está a punto de invalidar. Entender este cambio no es un acto de pesimismo, sino el primer paso para no quedar atrapados en el lado equivocado de una curva de eficiencia que no tiene piedad con la obsolescencia.
El problema no es la tecnología, es que nuestras instituciones fueron diseñadas para un mundo donde la productividad estaba limitada por la biología humana.
Finalmente, cabe mencionar que Citadel Securities publicó un informe de refutación que desmantela el escenario de Citrini, argumentando que se basa en un "profound misunderstanding of macroeconomic fundamentals". Esto demuestra que el debate está lejos de ser un consenso.
En definitiva, la incertidumbre bien entendida no es parálisis, y aun tenemos tiempo para tomar decisiones.
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