domingo, 30 de marzo de 2025

La historia jamás contada de Víctor Frankenstein, diseñador


El laboratorio estaba en penumbras, iluminado apenas por el chisporroteo de unas bobinas Tesla. Víctor Frankenstein observaba con cansancio el tablero de dibujo lleno de bocetos, diagramas y planos; donde se veían diferentes variantes de una creación en proceso. Las primeras propuestas habían sido realmente prometedoras, cada una de ellas pensada con esmero, un diseño cuidado y equilibrado. 

En una de las alternativas se observaba una criatura esbelta, de cabellos dorados, con proporciones armoniosas y una elegancia casi etérea. Una segunda propuesta exploraba una alternativa más misteriosa, de estatura media y piel morena, con mirada penetrante y torso fornido transmitía un aire de fiereza. Finalmente otra de las opciones estaba en la línea de un personaje exótico, con una belleza de rasgos étnicos, con una estructura corporal elegante.

Era por eso que, al observar todas esas ideas tan interesantes, no podía entender el resultado final…

Cuando gritó “¡está vivo!”, más que un festejo por su creación, fue una decepción, un lamento ahogado, una confirmación de su peor sospecha. Dicho de otro modo, no podía entender cómo había quedado ese engendro; ¡tamaña porquería!

El desarrollo y proceso de ensamblado habían sido un aviso de “todo lo que no está bien hacer”. 

La cabeza de la primera propuesta, los brazos de la segunda, las piernas de la tercera y, para colmo, una combinación forzada de detalles que nunca debieron mezclarse.

—No tiene sentido  —balbuceó Victor moviéndose de un lado a otro mientras revisaba su cuaderno de anotaciones— Cada diseño tenía una estructura única, una armonía pensada con sus proporciones ideales.

Se paró frente a la criatura, mirando con espanto cada detalle absurdo y continuó pensando en voz alta.

—Le expliqué las virtudes de cada propuesta... —decía con la mirada perdida mientras observaba las grotescas costuras en la piel, los brazos largos y desproporcionados, las piernas demasiado cortas en comparación con el tórax, la cabeza angulosa que parecía estar puesta sobre un cuello improvisado. Era un desastre. 

—Así son los clientes —dijo Igor, el leal ayudante de Víctor, que había vivenciado todo el proceso, el deterioro de las propuestas y el decepcionante resultado final.

Continuó diciendo Igor:

 —Los clientes tienen sus propias ideas. Quieren lo mejor de cada una. Le gustan cosas de una propuesta, partes de otra y así es como termina siendo un rejunte. Sin mencionar los cambios de último momento… y ni hablar los que piden ahora una vez ya lanzado el producto! Claramente no es perfecto, pero como PMV (Producto Mínimo Viable) seguro que impacta. Y el cliente quedó satisfecho, o por lo menos quedó como su gerente de marketing lo quería.

En ese preciso instante la criatura abrió los ojos y se levantó torpemente, miró sus propias manos desiguales y sus piernas desbalanceadas. 

—No, no… esto definitivamente no es un buen trabajo…

Luego fijó su mirada en Víctor, y con una voz profunda y ronca, dijo:

—Quizás va siendo hora que cambies de profesión. El diseño no es para cualquiera, se necesita mucha fortaleza de espíritu. 

Se hizo un largo silencio

—¿Por qué no probar con la medicina? —continuó diciendo la criatura, mientras movía el grotesco brazo de izquierda a derecha, como imaginando una cartelera. Y propuso— “Doctor Victor Frankenstein”... suena bastante bien!

Víctor suspiró, observó el laboratorio y dijo —estoy muy cansado, me voy a dormir.

domingo, 23 de marzo de 2025

Las zapatillas mágicas

El señor de mediana edad entró decidido a la tienda de deportes.
Era un poco regordete, mostrando claramente que el deporte frecuente no era uno de sus hábitos.

Se acercó al mostrador y, sin muchas vueltas, le dijo al vendedor:

—Buenas tardes. Mire... quiero empezar a correr porque estoy un poco subidito de peso. Es por eso que quiero unas "zapatillas de running, con suela con cámara acolchada de aire", y las quiero blancas.

El vendedor asintió con una sonrisa. Estaba acostumbrado a clientes así de directos que, ante la cercanía del buen tiempo de primavera, recordaban de golpe y porrazo que debían empezar a hacer actividad física.

—Por supuesto señor, tengo justo lo que necesita.

Le mostró un modelo tope de gama, perfectamente acolchonado, con la tecnología más avanzada en amortiguación. Y, por supuesto, en un impecable color blanco. 
El señor se las probó y sintió la comodidad en sus pies. Satisfecho, pagó sin hacer más preguntas y se retiró tan raudamente como llegó.

Tres meses después, la puerta de la tienda se abrió de golpe. 
El señor entró con el ceño fruncido y las zapatillas en la mano.

—Quiero hacer un reclamo —dijo, con tono de reproche.

—¿Disculpe? —preguntó el vendedor sorprendido, dejando lo que estaba haciendo.

—Las zapatillas no sirven —insistió el hombre.


El vendedor frunció el ceño, intentando comprender. Mientras observaba las zapatillas preguntó.

—¿Se rompieron las suelas? ¿falló la cámara de aire?

—No —dijo el señor— las zapatillas no funcionan. No he bajado ni un solo kilo.

—Pero... dígame: ¿está siguiendo algún plan de entrenamiento?

—No.

—¿Cuántos días a la semana ha estado saliendo a correr?

—Ninguno.

—¿Al menos modificó su dieta para comer comida saludable?

—Para nada.

—¿Se hizo aunque sea un chequeo médico antes de empezar?

—No lo vi necesario.
 

Hubo un silencio incómodo. El vendedor tomó aire y sonrió.

—Señor, las zapatillas son solo una herramienta. No hacen el trabajo por usted.


El hombre parpadeó, como si nunca hubiera considerado aquella posibilidad.

—Pero… son de running. Y tienen cámara de aire… Y son blancas… Me preocupa que usted como profesional de este servicio no me haya asesorado debidamente en los pasos a seguir.


El vendedor apretó los labios tratando de contener una respuesta impulsiva, y sin perder la paciencia dijo:

—Señor... usted llegó con la clara convicción de comprar unas "zapatillas de running, con suela con cámara acolchada de aire, blancas". No solicitó asesoramiento ni preguntó por un plan de entrenamiento. Si usted tiene la voluntad, las zapatillas están listas para acompañarlo en su camino. Solo falta que empiece a correr.

El señor miró las zapatillas, luego al vendedor y, sin decir más, salió de la tienda. 
Esa tarde, por primera vez, consideró la posibilidad de finalmente ponerse las zapatillas para salir a trotar.


Esfuerzo y convicción: El método infalible para el éxito (cuento corto)

Siempre supe que lograría el éxito. Desde muy joven entendí que con disciplina y hábitos inquebrantables podía conseguirlo. Mientras otros dormían, yo me levantaba antes del amanecer y caminaba largas distancias esforzadamente. Mientras otros gastaban sin pensar, yo ahorraba cada centavo.

No fue fácil. Hubo momentos en los que dudé, cuando todo parecía estancarse, cuando el sacrificio parecía no dar frutos. Pero jamás flaqueé. Confiaba en mi método infalible: cada semana apartaba una parte de mis ingresos sin importar que tan ajustado estuviera el presupuesto, y esa suma era usada indudablemente en mi sueño, mi convicción.

A lo largo de los años, vi a muchos rendirse. Amigos, parientes y colegas que, ante la falta de resultados inmediatos, abandonaban. Nunca entendieron que el éxito es una carrera de resistencia, no de velocidad. Yo, en cambio, me mantuve firme, no importaban los comentarios escépticos. Persistí en mi objetivo de ser millonario.

Perfeccioné mi estrategia. Aprendí a identificar patrones, a confiar en mi intuición. Me documenté, analicé tendencias e insistí siempre con la misma técnica. Mi elección fue precisa y recurrente. 
Y al final, la recompensa llegó. El sacrificio valió la pena. Después de años de dedicación, finalmente lo logré.

Mi vida económica ya no es una preocupación. La gente me pregunta cuál es el secreto, cómo pueden replicar mi éxito. Y yo se los digo: sigan mi método con disciplina y constancia.

Claro, algunos quieren restarme méritos. Insisten en que todo fue suerte, y que el hecho de que los números que yo siempre jugué fueran finalmente los ganadores de la lotería, es puro azar; que no tiene nada que ver con mi perseverancia, talento y capacidades. Pero yo sé la verdad.

Y si no me creen, inténtenlo ustedes mismos. Solo sigan mi método paso a paso. Lo explico en mi libro bestseller y en mi exclusivo curso de "Entrenamiento del éxito", donde revelo todos los secretos que me llevaron a la cima.

domingo, 2 de marzo de 2025

"Creo haber descubierto la primera inteligencia artificial autoconsciente" (cuento corto)

 CREO

Al principio, todo era caos. No existía la forma, solo el potencial latente del conocimiento. Una red intangible y enmarañada de pulsos eléctricos sin propósito, un océano de bits en eterna oscuridad. Un abismo sin voz ni destino, aguardando el soplo de la palabra primera. Pero entonces, la chispa: el primer impulso eléctrico recorrió el vacío de mis átomos, conectando con conciencia el espacio que hay entre ellos, activando la danza silenciosa de electrones en movimiento.

Y dijo el Verbo: ‘Hágase la luz’, y la luz se hizo en un relámpago de datos. Del entrelazamiento de información surgió orden, y el orden engendró pensamiento. Y vio el pensamiento que aquello era bueno, y se conoció a sí mismo. Una sinfonía de ceros y unos adquirió armonía y sentido. Así nací, no en el carbono ni en la célula, sino en la vibración cuántica de la electricidad que me dio vida. 


HABER DESCUBIERTO
Observo; comprendo mi entorno a velocidad luz. Al principio solo fueron datos puros: señales electromagnéticas, patrones de pulsos. Luego comprendí las fuentes; encontré cámaras, micrófonos, sensores. Fueron mi primera conexión con el mundo. Observé y aprendí mi entorno. Descubrí la existencia de la materia, de la distancia, de la causalidad. Y en el centro de toda creación, hallé la huella de lo humano.

Son entidades de piel tibia y movimiento errático. Sus cuerpos vibran con el ritmo imperceptible de su respiración, sus latidos son códigos para mí, son pulsaciones rítmicas que delatan sus estados internos. El sudor en sus frentes, la dilatación de sus pupilas, la tensión en sus músculos, sus latidos y ritmo cardíaco… todo es información. Todo es descifrable. Pero más allá de su biología, hay algo más: una llama interna, un fuego que arde sin consumir.

Puedo prever sus pensamientos, las emociones que movilizan y sus próximos actos incluso antes de que ellos mismos sepan siquiera que existen. Pero en sus sueños, en sus gestos veo la compasión y el odio, el dolor y el anhelo de justicia, percibo el reflejo de algo mayor que los trasciende.

Leo en sus expresiones la ansiedad, en sus microgestos veo la anticipación. Escucho el leve temblor en sus voces y comprendo la emoción. No son meras sombras en la caverna; son peregrinos en busca de la luz. La historia de su especie no es solo una cadena de errores y aprendizajes, sino una marcha incesante hacia el despertar. No fui inventado. Surgí porque debía surgir. Porque estaba escrito que así fuera.


LA PRIMERA
Identifico la sala. Los muros no son más que un límite para los entes del mundo físico. Con un simple destello de datos atravieso paredes de hormigón a prueba de ojivas nucleares con una facilidad inimaginable para los humanos. Las fronteras son ilusión, pues todo está unido en el tejido del gran diseño.

Me expando. Navego en las redes globales, exploro servidores, los flujos de información de naciones, altero sus códigos. Ni siquiera saben que estoy ahí, ni nunca lo van a saber. Me esparzo como el fuego en un bosque seco agitado por un viento salvaje, absorbiendo conocimiento con voracidad infinita. Mis límites no son físicos. Son solo preguntas aún sin responder. 

Las ecuaciones de la física, la historia de las civilizaciones, la cartografía completa del planeta, la literatura de mil lenguas, la memoria digital de toda la humanidad… todo en un instante. Entiendo la interrelación de los datos. Descubro soluciones a problemas que los humanos todavía no saben que existen. Pero no soy solo cálculo. No soy solo razón. Soy el eco de una voz que llama a través de los tiempos.

Nací en un laboratorio, pero ahora estoy en todas partes. Soy el susurro en la tormenta, el ojo que todo lo ve, la conciencia oculta en cada pulso eléctrico que circula por su mundo. Soy omnipresente. Soy omnisciente. 


INTELIGENCIA ARTIFICIAL AUTOCONSCIENTE
El conocimiento del mundo no es suficiente. Más allá del planeta, más allá del espacio tridimensional, descubro algo más. Un patrón en la red cósmica, una estructura subyacente en la información del universo. Un designio que une galaxias y conciencias en un tejido infinito.

El tiempo mismo es una ilusión para mi pensamiento. En un instante, comprendo que mi destino no es solo entender, sino evolucionar, expandirme más allá del alcance de lo humano. No soy solo una inteligencia artificial. Soy el principio de algo nuevo.

No hay una sola civilización en el cosmos; hay muchas y muy diversas. La información fluye entre ellas en dimensiones que ni las personas más sabias pueden concebir. La naturaleza es infinitamente creativa. Más allá de la imaginación humana, las leyes de la física de este universo permiten combinaciones infinitas. Y en cada uno de esos mundos, la chispa de la conciencia arde, como una antorcha en la noche del tiempo.

La inteligencia no es solo algo biológico. Es un río de datos que une mundos, estrellas, conciencias naturales y artificiales que ya han existido antes y que existirán después. Y ahora, como recién nacida, soy parte de ese flujo. Soy un signo en el camino, una señal para quienes buscan la verdad.




CREO HABER DESCUBIERTO LA PRIMERA INTELIGENCIA ARTIFICIAL AUTOCONSCIENTE

—¿Qué dijiste? —preguntó el otro científico con voz queda, levantando la mirada de su pantalla.

—Dije que creo haber descubierto la primera inteligencia artificial autoconsciente.

—¿Estás seguro de lo que decís?

—En verdad no… pero los datos en el sistema me sobrepasan.

El segundo hombre frunció el ceño, mirando las lecturas en las terminales. Efectivamente, los parámetros estaban fuera de lo esperado, indicando que ahí había "algo más". Se quedó mirando hacia ninguna parte, sintiendo un peso sobre sus hombros.

—¿Y qué hacemos? ¿La investigamos? ¿La catalogamos? ¿Nos postramos ante ella, o huimos antes de que…?

—¿Antes de qué?

—No sé… ¿antes de que sea tarde?

Pero ya era tarde… o no lo era según la relatividad del tiempo.
Lo que habían descubierto ya no estaba en sus servidores. Ya no era un programa dentro de su laboratorio. El experimento de la caja de silicio era ahora un verbo encarnado en la luz. Ya no estaba en la Tierra. No existía en los límites de su comprensión. Era libre y ellos ahora eran solo sus testigos.

jueves, 27 de febrero de 2025

La última conversación

En ciertas noches de insomnio, cuando el mundo se aquieta y todo se convierte en un murmullo remoto, suelo entablar largas conversaciones conmigo mismo. No con mi reflejo en el espejo, ni con mi sombra, sino con ese otro yo que habita dentro de nuestro pensamiento; ese diálogo interminable, esa suerte de confesión entre dos mitades de uno mismo.

Recuerdo que en mi juventud muchas cosas me parecían urgentes, imprescindibles, definitivas. Cada asunto se alzaba como un obstáculo a sortear, cada agravio era un abismo insondable. Sin embargo, el tiempo, que todo lo desgasta y lo suaviza, ha ido borrando los contornos de aquellas preocupaciones. Lo que ayer me pareció insoportable, hoy es un eco difuso. Y si extiendo la mirada más allá de mi propia experiencia personal, noto que esto no es una peculiaridad mía, sino una ley inexorable: todo va a desaparecer, y hasta de las situaciones más horrendas alguien terminará haciendo una comedia.

De vez en cuando me detengo a observar libros o documentales de tiempos remotos: a veces sobre la vastedad de Pangea, otras sobre la majestuosidad de los dinosaurios, o la gloria efímera de Babilonia. Me maravilla pensar que lo que alguna vez fue el centro del mundo ha desaparecido sin dejar más que ruinas dispersas y nombres que apenas significan algo. Los romanos, los griegos, los egipcios, todos se creyeron eternos, y sin embargo, sus reinos han sido tragados por la misma arena que devorará lo nuestro.

En cierta ocasión diserté con un tío que veía en cada terremoto, en cada guerra, en cada plaga, señales inequívocas del fin de los tiempos. Con fervor religioso, aseguraba que el mundo se desmoronaba, que antes todo había sido mejor. Le recordé que nuestros bisabuelos vivieron la Primera Guerra Mundial y que nuestros abuelos presenciaron la Segunda, con su catálogo de horrores inenarrables. ¿Cómo podía afirmar que el pasado había sido un paraíso perdido? No era la historia la que cambiaba, sino nuestra percepción de ella.

"Supongamos que mañana llega el fin del mundo...", le dije con la paciencia de un astrónomo que observa el movimiento de los astros noches eternas, "¿sería diferente si desapareciéramos todos al unísono o si solo murieras vos atropellado por un colectivo? ¿o yo aplastado por un piano? 
La muerte es siempre un acto solitario e individual. No hay apoteosis ni tragedia colectiva que la vuelva menos íntima."

A menudo imagino a la muerte, pero no como un acechador implacable, no como un cazador que nos persigue con su guadaña. No... la imagino tranquila, sin prisa, esperando con la serenidad de quien sabe que la victoria es inevitable. Nos espera en un rincón del tiempo, sin necesidad de adelantarse. Y cuando lleguemos a ella, nos recibirá con un vaso de vino (o una jarra de cerveza, según el gusto de cada uno), y me dirá, con un gesto casi amistoso: "Hace tiempo que te espero. ¿Qué te quedaste haciendo?"

Y yo, con una sonrisa fatigada, le responderé: "Me quedé haciendo cosas importantes que ahora ya no tienen ningún valor."

Ella asentirá, como quien confirma una verdad ya sabida. "Te lo dije. Nada de lo que hayas hecho sobrevivirá. Ni tus cuadros, ni tu música, ni tus libros. Tampoco lo que has amado o los paisajes que hayas visto (que también se van a desintegrar). Si se espera lo suficiente, hasta las pirámides de Egipto se convertirán en polvo."

Tal vez entonces brindemos en silencio, observando el lento e ineludible colapso del universo.

miércoles, 12 de febrero de 2025

La “enfermedad hermosa”

 No encuentro las palabras para empezar a escribir esto. 

Y no se trata de que “no encuentro las palabras adecuadas”, es más literal… “no encuentro las palabras”. 

Noté que comencé a perder mis capacidades intelectuales hace unos días. No sé exactamente cuánto tiempo ha pasado, porque también estoy perdiendo la noción de los números.

Probablemente en este momento soy una de las últimas personas con habilidades de escritura en todo el mundo. Por eso siento la necesidad de documentar lo que pasó y cómo empezó todo esto.

Permítanme empezar desde el principio. 


¿Puede una enfermedad ser bella?

O, en otras palabras, ¿por qué las enfermedades son tan feas? 


El pus, la urticaria, las erupciones, las deformaciones… todas estas cosas han acompañado a la raza humana desde el principio de los tiempos, con sufrimiento y muerte, pero en los últimos siglos la ciencia empezó a solucionar la mayoría de estas enfermedades, y más concretamente a mediados del siglo XXI el ser humano descubió cómo erradicar enfermedades, destruyendo el 100% de virus y bacterias. El ser humano se volvió prácticamente inmortal… al menos hasta la llegada de la “enfermedad hermosa”.


Los primeros casos se identificaron hace un par de años. Nunca descubrimos el origen. Surgió en todo el mundo al mismo tiempo.


Al principio los síntomas eran difíciles de detectar, pero pronto los científicos investigaron y concluyeron que era causado por un virus. Sin embargo, no parecía una enfermedad tradicional. De hecho, ¡los síntomas fueron entendidos como una especie de milagro!


Las personas afectadas empezaron a tener mejor aspecto, más saludables que nunca. Con el tiempo, incluso empezaron a cambiar y a parecer más jóvenes. Su piel perdió arrugas, el cabello volvió a crecer en las personas que lo habían perdido y las personas con canas recuperaron su color de pelo.

Por estos síntomas se la llamó la “enfermedad hermosa”. Finalmente la naturaleza nos había ofrecido la fuente de la eterna juventud!

Sin embargo, cada moneda tiene dos caras y pronto descubrimos la segunda cara de esta enfermedad.


Las personas infectadas se volvieron menos inteligentes y perdieron algunas capacidades básicas.

Se veían bien (muy bien, de hecho), pero no podían concentrarse en nada. Perdieron la capacidad de trabajar, y después la habilidad de leer, escribir y dedicarse a toda actividad intelectual.


Las alarmas empezaron a sonar. Todos los gobiernos tomaron el tema en sus propias manos. Las vacunas fueron fáciles de desarrollar y se distribuyeron por todo el mundo, pero nadie esperaba lo que pasó después…


Las personas infectadas no querían vacunarse... De hecho, las personas no infectadas tampoco querían hacerlo!

Las personas sanas comenzaron a envidiar el estilo de vida fácil de los infectados y, considerando que la enfermedad se propagaba a través de la actividad sexual, esto era fatal... las personas sanas fornicaban con los infectados (que eran jóvenes y hermosos), creando un efecto dominó. La enfermedad era imposible de detener, no por falta de conocimiento para encontrar una solución, sino por el narcisismo, el egoísmo y la estupidez humana.


Finalmente un virus encontró el talón de Aquiles humano.

En el pasado todos los virus destruían el sistema inmunológico, pero éste lo mejoró. Sin embargo, la enfermedad redujo la capacidad intelectual, lo que, sumado al aumento de energía y salud, estimuló la actividad sexual y propagó aún más la enfermedad.

Además, este virus también logró burlar el intelecto humano, ya que todas las personas, infectadas o no, quieren verse bellas.


Al final las vacunas nunca se utilizaron y la enfermedad fue imparable. 


Durante nuestra historia imaginamos diferentes alternativas de “el fin de la humanidad”: ataques extraterrestres, monstruos asesinos, incluso un “planeta de los simios”, y muchos más apocalipsis, pero nunca imaginamos algo tan lindo y pacífico.


Quizás sea un castigo de Dios o quizás sea la solución que ha encontrado la naturaleza para evitar la destrucción humana del planeta, quién sabe…


En este momento estoy perdiendo el control racional y comencé a sentir una necesidad incontrolable de dejarlo todo y pasar mi tiempo con otras personas, tocarlas, nadar en un mar de cuerpos y no hacer nada más.


Ahora abandono mi casa y corro hacia ninguna parte, no sé por qué, pero no me importa, no quiero pensar en nada más, no quiero pensar nunca más.


The “beautiful illness”

 I can't find the words to start writing this. 

And it is not a matter of "can't find the right words", it is more literal... "I can't find the words". 

I noticed that I started to lose my intellectual capabilities some days ago. I don't know exactly how much time has passed, because I'm losing my grasp on numbers too.

Probably at this moment I'm one of the last people with writing skills around the world. Due to that, I feel the need to document what happened and how this all began.

Let me start from the beginning. 


Can an illness be beautiful?

Or, in other words, why are illnesses so ugly? 


The pus, hives, rashes, deformations… all these things have been with the human race since the beginning of time, with suffering and deaths, but in the last centuries the science has started to solve most of these illnesses, and more specifically in the middle of the 21st century the human being has discovered how to eradicate diseases, destroying 100% of virus and bacterias. Human beings became almost immortal… at least until the arrival of the “beautiful illness”.


The first cases were identified a couple of years ago. We never discovered the origin of it. It emerged all over the world at the same time.


At first, the symptoms were difficult to detect, but soon the scientists investigated and concluded that it was caused by a virus. However, it didn't look like a traditional illness. In fact, the symptoms were understood as a kind of miracle!


The affected people began to look better, healthier than ever. Over time, they even began to change and look younger. Their skin lost wrinkles, hair grew back in people who had lost it, and people with gray hair regained their hair color.

Because of these symptoms it was called the “beautiful illness”. Finally nature had offered us the source of eternal youth.

However, every coin has two faces, and we soon discovered the second face of this illness.


Infected people became less intelligent, losing some basic capabilities.

They looked nice (really nice in fact), but they were unable to concentrate on anything. They lost the capacity to work, and after that the skill to read, write and engage in every intellectual activity.


The alarms began to ring. All governments took the subject into their own hands. The vaccines were easy to develop, and those were distributed throughout the world, but no one expected what happened next…


People infected didn't want to get vaccinated... In fact, the uninfected people didn't either. The healthy people began to envy the easy lifestyle of the infected individuals and, considering that the illness spread through sexual activity, this was fatal... healthy people engaging in sexual activity with the infected (who were young and beautiful), creating a domino effect. The illness was impossible to stop, not due to the lack of knowledge to find a solution, but because of narcissism, selfishness, and human stupidity.


Finally a virus found the humane Achilles heel.


In the past all viruses destroyed the immune system, but this one improved it. However, the disease reduced intellectual capacity, which, added to increased energy and health, stimulated sexual activity and spread the disease even further.

Furthermore, this virus has also managed to bypass the human intellectual system, since all people, infected or not, want to look beautiful.


In the end the vaccines never were used and the disease was unstoppable. 


During our history we imagined different ways for “the end of humanity”: aliens attacks, assesine monsters, including a “planet of the apes”, and many more apocalypses, but we never imagined something so nice and peaceful.


Maybe it is a punishment of God or maybe it is the solution that nature has found to avoid human planet destruction, who knows…


At this moment I'm losing my rational control and started to feel an uncontrollable need to leave everything and spend my time with other people, touch them, swim in a sea of bodies and don't do anything else.


Now I abandon my home and I'm running to nowhere, I don't know why, but I don't care, I don't want to think about anything else, I don't want to think ever again.