En una de las alternativas se observaba una criatura esbelta, de cabellos dorados, con proporciones armoniosas y una elegancia casi etérea. Una segunda propuesta exploraba una alternativa más misteriosa, de estatura media y piel morena, con mirada penetrante y torso fornido transmitía un aire de fiereza. Finalmente otra de las opciones estaba en la línea de un personaje exótico, con una belleza de rasgos étnicos, con una estructura corporal elegante.
Era por eso que, al observar todas esas ideas tan interesantes, no podía entender el resultado final…
Cuando gritó “¡está vivo!”, más que un festejo por su creación, fue una decepción, un lamento ahogado, una confirmación de su peor sospecha. Dicho de otro modo, no podía entender cómo había quedado ese engendro; ¡tamaña porquería!
El desarrollo y proceso de ensamblado habían sido un aviso de “todo lo que no está bien hacer”.
La cabeza de la primera propuesta, los brazos de la segunda, las piernas de la tercera y, para colmo, una combinación forzada de detalles que nunca debieron mezclarse.
—No tiene sentido —balbuceó Victor moviéndose de un lado a otro mientras revisaba su cuaderno de anotaciones— Cada diseño tenía una estructura única, una armonía pensada con sus proporciones ideales.
Se paró frente a la criatura, mirando con espanto cada detalle absurdo y continuó pensando en voz alta.
—Le expliqué las virtudes de cada propuesta... —decía con la mirada perdida mientras observaba las grotescas costuras en la piel, los brazos largos y desproporcionados, las piernas demasiado cortas en comparación con el tórax, la cabeza angulosa que parecía estar puesta sobre un cuello improvisado. Era un desastre.
—Así son los clientes —dijo Igor, el leal ayudante de Víctor, que había vivenciado todo el proceso, el deterioro de las propuestas y el decepcionante resultado final.
Continuó diciendo Igor:
—Los clientes tienen sus propias ideas. Quieren lo mejor de cada una. Le gustan cosas de una propuesta, partes de otra y así es como termina siendo un rejunte. Sin mencionar los cambios de último momento… y ni hablar los que piden ahora una vez ya lanzado el producto! Claramente no es perfecto, pero como PMV (Producto Mínimo Viable) seguro que impacta. Y el cliente quedó satisfecho, o por lo menos quedó como su gerente de marketing lo quería.
En ese preciso instante la criatura abrió los ojos y se levantó torpemente, miró sus propias manos desiguales y sus piernas desbalanceadas.
—No, no… esto definitivamente no es un buen trabajo…
Luego fijó su mirada en Víctor, y con una voz profunda y ronca, dijo:
—Quizás va siendo hora que cambies de profesión. El diseño no es para cualquiera, se necesita mucha fortaleza de espíritu.
Se hizo un largo silencio
—¿Por qué no probar con la medicina? —continuó diciendo la criatura, mientras movía el grotesco brazo de izquierda a derecha, como imaginando una cartelera. Y propuso— “Doctor Victor Frankenstein”... suena bastante bien!
Víctor suspiró, observó el laboratorio y dijo —estoy muy cansado, me voy a dormir.